jueves, 8 de noviembre de 2012

Mototaxi y Taxi echan un pulso en las calles de Madrid



Así se disputó la carrera

Mototaxi ya está en la calle y no deja de atraer todas las miradas de conductores y viandantes. Si se encuentran parados en alguna zona estratégica de la capital, la gente se para y les pregunta. «¿Y esto?». Los 17 trabajadores de Mototaxi no dudan en dar la información de este nuevo servicio público de transporte: «Una forma de viajar más económica, llegando a tiempo y evitando atascos». Esa es la filosofía de la empresa y queremos comprobar que, efectivamente como dicen los dos dueños de Mototaxi, se ahorra en tiempo y dinero.

Son las seis de la tarde y en las carreteras de la capital comienzan los atascos por la salida del trabajo. La carrera parte de los Juzgados de Plaza de Castilla hasta Plaza de España. Son poco más de seis kilómetros. La viajera de la moto se coloca un gorro de quirófano en la cabeza antes de ponerse el casco como medida de higiene. Sube a la moto. Tiene que agacharse ligeramente para no dar con el casco en el techo de esta «John Wayne Galaxy». El viajero del taxi se abrocha el cinturón. Los conductores ponen en marcha su taxímetro: el coche comienza con 2,15 euros de bajada de bandera y la moto con 1,50.
Un imprevisto en la carrera


Preparados, listos,… Suena el acelerador y los dos emprenden la marcha por el carril de servicio derecho de Paseo de la Castellana en dirección sur. Entre los semáforos en rojo y la masificación de vehículos que ya hay en la vía, a los pocos minutos, ambos se quedan parados. «Esto no es normal. Algo pasa», comenta el taxista.

Efectivamente. La Policía Municipal lleva a cabo un control de alcoholemia más adelante. «¿A estas horas?», repite. La moto gira por la calle de Rosario Pino para esquivar el embotellamiento. El coche continúa parado hasta que avanza lentamente hasta Francisco Gervás, donde gira para tomar posteriormente la calle de Orense, igual que minutos antes lo ha hecho Mototaxi. «Con este atasco del control de alcohol hemos perdido cinco minutos», manifiesta el taxista.
Cinco euros de diferencia

Los dos vehículos recorren, en diferentes tiempos, la calle de Raimundo Fernández Villaverde. El taxi opta por Bravo Murillo y la moto por Guzmán el Bueno. La dos ruedas coge Princesa y llega a Plaza de España en 15 minutos con 58 segundos. El taxímetro marca 8,45 euros. La conversación entre el conductor de moto y su cliente es nula. Pero la del taxista, no, y va enumerando una serie de ventajas y desventajas de uno y otro transporte a lo largo del recorrido.

Cuando Mototaxi ya ha llegado a su destino, el taxi se encuentra atascado en la calle de San Bernardo, a la que ha accedido por Bravo Murillo. «Lo que no es normal es que tengan un taxímetro al que nosotros nos regulan milimétricamente y a ellos no. Entre los SP (Servicio Público), las furgonetas de los hoteles, el autobús al aeropuerto, los pirata y ahora esto, nos arruinan», protesta el conductor del taxi, un cómodo y amplio Mercedes 220. Este hombre consigue llegar a la Gran Vía y de ahí a Plaza de España. Ha tardado 26 minutos con 14 segundos. El taxímetro marca 13,45 euros, casi cinco euros de diferencia entre uno y otro.

En el transcurso de la carrera, un taxista ajeno a esta carrera toma una fotografía al mototaxista. «Hoy mismo me ha bajado uno la ventanilla y me ha preguntado con desprecio que cuánto íbamos a durar». Está claro que el ahorro es una evidencia, como lo es en el taxi en capacidad, seguridad y comodidad. Coger uno u otro, aunque no son comparables, es cuestión de necesidad, de gustos y probar. La oferta está en la calle.

Fuente: Infotaxi